Pelireview - Project Hail Mary
FICHA TÉCNICA
- DIRECTOR
- Phil Lord, Christopher Miller
- PRODUCTORA
- Metro-Goldwyn-Mayer
- DISPONIBLE EN
- Cines
- ESTRENO
- 19/03/2026
Un hombre despierta en una nave espacial, se encuentra a años luz de la Tierra y no tiene ningún recuerdo de cómo llegó a ese lugar. Con esa premisa, Project Hail Mary (2026) te engancha desde el minuto uno y te lleva de la mano hacia una de las mejores historias de ciencia ficción de los últimos años.
Dirigida por la dupla de Phil Lord y Christopher Miller (21 Jump Street), con guion de Drew Goddard, quien ya adaptó otra novela de Andy Weir al cine con The Martian (2015), la película sigue la historia del Dr. Ryland Grace (interpretado por Ryan Gosling), un biólogo molecular devenido en profesor de secundaria que no recuerda muy bien por qué está en una nave espacial. A partir de ahí, la historia se va construyendo en base a sus memorias, que nos muestran cómo llegó a donde se encuentra, siendo este un recurso narrativo muy efectivo para mantener el ritmo. El Astrophage, el microorganismo que da motor a la trama, es un organismo unicelular que se alimenta de la energía del Sol, lo que resulta en un problemón a largo plazo, ya que se especula que podría enfriar la temperatura global de la Tierra en un rango de 30 años. La brillantez del guion está en que todos los temas que se tocan en la película, ya sea física, biología o astrofísica, se presentan de una forma tan llevadera que en ningún momento se siente que te estás perdiendo algo; es incluso didáctico. La elección de mostrar las memorias del Dr. Grace de forma progresiva, mientras él resuelve los problemas en el presente, es además un gran truco para crear una conexión con el personaje. A eso se suma, obviamente, el carisma de Gosling, quien se pone la película al hombro actuando solo durante casi toda la primera mitad, con la soltura y ligereza a las que nos tiene acostumbrados desde que empezó a tomar roles más cómicos: cancherea, hace chistes malos para sí mismo, se enoja y resuelve problemas.
Gosling está solo hasta que aparece la otra estrella de la película: Rocky (no el boxeador), un ingeniero alienígena que es una especie de araña rocosa sin cara que se comunica con sonidos similares a los de un sintetizador. ¿Eso impide que nos encariñemos con ese bicho? Para nada. Rocky se siente vivo en todo momento, logrado gracias al trabajazo de los titiriteros que lo manejan para darle sus movimientos. Aunque al principio ninguno de los dos se entienda y la barrera lingüística sea más que evidente, Grace y Rocky forman una amistad con tintes de E.T. (1982), con una química enorme entre ambos, lo que habla muy bien del trabajo de Ryan.
A nivel técnico es una genialidad. Desde Rocky hasta la omisión total de pantallas verdes para representar el espacio, la película luce una fotografía hermosa con visuales de planetas y campos de estrellas, acompañada por una gran banda sonora original y canciones licenciadas que incluyen artistas argentinos como Carlos Di Sarli y Mercedes Sosa. Los escenarios interiores, como la nave de Grace, se sienten creíbles y muy bien construidos, y se juega también con la paleta de colores: es notable la predominancia del blanco y el gris, que contrastan con los flashbacks en la Tierra, donde los colores se ven más cálidos, aunque a medida que avanza la trama y Grace recuerda lo que pasó antes de ser enviado a su misión, estos comienzan a verse más fríos, representado como deja de idealizar su vida terrícola.
Si tenés la oportunidad de verla en el cine, hacelo, porque vas a quedar maravillado y quizás hasta agradecido de presenciar semejante espectáculo en pantalla grande y no en un celular mientras te echas el cago del día.